© 2010 ilzepetroni

+/- N [Martín Guiot / 22febrero2010]

Al ir a dormir, en el cuarto nos vieron Sebastián, Javier y Bruno, dijeron:

Algo está pasando aquí.
Sospecho algo.
¿Qué están tramando?
Esto no me gusta nada.

El cambio de camas era desconcertante luego de haberlas hecho nuestras, llegaron algunas personas más y sumaron reflexiones.
¿Qué están haciendo?
¿Qué pasó?
¿Qué?
¡No me gustan los cambios!
Al día siguiente me calcé las zapatillas, sentí la horma, me puse el pantalón, busqué algunas cosas en el bolso, metí las manos en los bolsillos, no encontré nada, salí a la calle, caminé en la dirección contraria a la de siempre, llegué a una bodega, doblé por una calle de tierra sin salida cubierta por las sombras de árboles, me senté a la vera de un portón de una casa, de la que salió un niño de 5 años que se llamaba Iatías o algo así (pero con seguridad no Matías) y cuando me preguntó mi nombre, me callé por unos segundos, y luego con carga de culpa le dije Camilo Martín, y continué preguntándole si le gustaba jugar al fútbol, a lo que me dijo que lo que le gustaba hacer era caballitos.
Volví por la calle pensando quién era, al entrar a casa me crucé con mi otro yo que estaba saliendo recién a la calle, vestido con todas mis ropas. Luego construí un paraíso en la parte trasera de la casa, con ramas entrecruzadas, pegadas con cintas, ruedas de metal, elementos encontrados. El objetivo era modificar el orden natural, no sólo de los objetos útiles sino también de las cenizas y de algunos escombros.
El paraíso fue tomando una forma casi habitable, una casa, una trama de ramas. Hice una suerte de conducto, una pirámide de ladrillos, un extraño lago artificial que tenía una campana de ramas amarillas. Una jaula colgada. De noche puse una vela dentro de la jaula y otra en el agua, sobre un ladrillo y cubierta por un aplique de metal con formas serpenteantes.
En el transcurso del día fue aclarándose nuestra intención de abandonar el ego, pero no fue fácil. De hecho no lo consideramos como un logro sino como una experimento a seguir profundizando.

[Fotografía: Ilze Petroni]

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