Escalar las calles de Valparaíso requieren de un entrenamiento a la que uno no está acostumbrado.
Para alcanzar un objetivo no es recomendable correr, si no quieres ganar una taquicardia. Las acciones son aquí procesos de escalada lenta pero progresiva, de vivencias de un tiempo distinto al de una gran ciudad.
En una ciudad elevada como ésta, viene a mi mente la posibilidad de un pararelismo entre las acciones físicas y su traducción en la movilidad del pensamiento. De manera tal que, las gestiones autónomas desarrolladas requieren mayoritariamente de una energía-hombre, base del impulso de los procesos de automovimiento ascensional.
Pero elevarse para alcanzar los cerros más elevados no tiene valor de finalidad en sí. Este es un error que se puede observar a menudo al confundir a los escaladores con héroes románticos conquistadores de la cumbre del Progreso. El alcanzar la cima es un recurso, una instancia que erige un mirador desde donde poder divisar la totalidad del panorama. Un horizonte de confluencias de oportunidades para la gestión asociada.
Karina Quinteros.
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